La calidad de la educación: Ejes para su
definición y evaluación.
Resumen
La necesidad de explicar las diferentes dimensiones y los
ejes fundamentales desde donde se puede reconocer la calidad de un sistema
educativo, de una experiencia, o de una institución escolar, más
que ser un problema teórico es parte de un ineludible compromiso
profesional de poner a disposición de los tomadores de decisiones
herramientas para facilitarles su tarea. El marco presentado en el trabajo
tiene como objetivo explicar con claridad la serie de opciones
ideológicas y pedagógicas que enfrenta un tomador de decisiones
cuando intenta mejorar la calidad de la educación. A partir de una
detallada explicitación del concepto de calidad de la educación
se examinan dos propósitos fundamentales: primero, para tomar decisiones
que se orienten a mejorar la calidad de un sistema educativo concreto, y
segundo, para realizar evaluaciones sobre una situación concreta que
permite tomar decisiones para reorientar y reajustar procesos educacionales.
El desafío de la calidad
Las transformaciones globales del orden internacional y el
avance del reordenamiento de las economías mundiales en torno al valor
de la tecnología han puesto en el ojo de la mira a los sistemas
educativos. En ellos recae la responsabilidad de generar y difundir el
conocimiento en la sociedad y por lo tanto, se instituyen en la instancia
decisiva que está a la base de la carrera tecnológica (es decir,
de las posibilidades económicas futuras de la sociedad).
Esta realidad, que marca la demanda que hoy se hace a la
educación, contrasta con otra realidad bastante conocida; hoy, por tal y
como están, los sistemas educativos no pueden salir airosos frente a
este desafío.
Bastantes diagnósticos han demostrado
empíricamente los problemas de burocratización de la
administración, de rutinización de las prácticas
escolares, de obsolescencias de los contenidos curriculares, de ineficiencia de
los resultados finales.
La expansión sufrida por los sistemas educativos a
partir de la segunda guerra mundial, sobreimpuesta a un modelo de
gestión pensado para otras ocasiones la diversificación de
clientelas orientadas en la incorporación de seres sociales con bases
culturales diferentes, y las restricciones materiales acompañaron los
procesos de endeudamiento y ajuste han hecho no personales tanto los objetivos
como los modelos de gestión y administración originales. Es decir
que el crecimiento y la expansión educativa no presentan a la
visión política sólo un problema de escuela (pongamos
más profesores o maestros, más escuelas, más aulas), sino
que plantea desafíos cualitativos que hacen volver a pensar hacia
dónde ir y cómo debe organizarse y conducirse una escuela, un
grupo de escuelas, un sistema educativo.
Potencialidades del concepto “calidad”
Aplicado a la educación
La aparición del concepto “calidad de la
educación” se produjo históricamente dentro de un contexto
específico. Viene de un modelo de calidad de resultados, de calidad de
producto final, que nos pone en guardia, sobre todo, del hecho de que bajo
estas ideas suelen estar los conceptos de la ideología de eficiencia
social que considera al docente poco menos que como un obrero de línea
que emplea paquetes instruccionales, cuyos objetivos, actividades y materiales
le llegan prefabricados, y en el cual la “calidad” se mide por
fenómenos casi aislados, que se recogen en el producto final.
Algunos autores han visto por esto serias implicancias a
este concepto: La ideología (curricular) de la eficiencia social
(vinculada a la corriente llamada “tecnología educativa”)
entiende calidad de la educación como eficiencia, y eficiencia como
rendimiento escolar. A partir de la instauración de una política
educativa de corte neoliberal se buscan justificaciones
“académicas” que permitan fundamentar la restricción
del ingreso a la educación. Estas justificaciones crean nuevos fetiches
pedagógicos que se caracterizan por su debilidad conceptual, tal es el
caso de términos como “calidad de la educación”.
Lo que ocurre, creo, es que se ha trabajado con una
definición demasiado simplificada y muy parcial de una idea muy
abarcante ya que, recortando las posibilidades, se la define restrictivamente,
se la transforma en una medición, para lo cual se la inscribe en un
marco puntual casi positivista, muchas veces hasta conductista, leyendo
sólo conductas específicas.
POR Inés Aguerrondo